
Me alcanza la capacidad de la medida. Hay claridades que se me ensombrecen, que no comprendo, que no se qué quisieron decir y todos se inmolan expresando admiración. Algunos pocos serán sinceros. La mayoría querrá adivinar qué debe balbucear para salir del paso.
Se que no pienso sencillo, pero no me interrogo por la cripticidad de los otros.
No hallo respuestas. No devarío (o eso trato) ni hago hipótesis conjeturales. (Y cuando logro transmitir algo de lo que escribo, me sorprendo de la creación del que me lee)
Salgo en busca de los misterios que se me esconden, no por misterios, sino porque me atrae hurgar en los escondites. No soy Margot, me asumo como Margarita antes que alguien pueda imaginar que destilo encantos.
A veces me encuentro abandonando escritores desde obras aplaudidas y referenciales. Otras tantas, me yergue lo anónimo de un olvidado maestro de las letras. No hay títulos, ni nombres, ni guardo catálogos.
Tengo la medida de la capacidad justo al borde del entendimiento.
(Y de la emoción).
No hallo respuestas. No devarío (o eso trato) ni hago hipótesis conjeturales. (Y cuando logro transmitir algo de lo que escribo, me sorprendo de la creación del que me lee)
Salgo en busca de los misterios que se me esconden, no por misterios, sino porque me atrae hurgar en los escondites. No soy Margot, me asumo como Margarita antes que alguien pueda imaginar que destilo encantos.
A veces me encuentro abandonando escritores desde obras aplaudidas y referenciales. Otras tantas, me yergue lo anónimo de un olvidado maestro de las letras. No hay títulos, ni nombres, ni guardo catálogos.
Tengo la medida de la capacidad justo al borde del entendimiento.
(Y de la emoción).

2 comentarios:
...Yo quiero adivinar que debo balbucear. Me ha gustado Cecilia
Gracias Pedro, siempre gentil, caballero y especialmente arropador.
(y muy querido)
Un enorme beso y abrazo para combatir el frío.
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