
- ¿Tejemos historias?
Nosotros somos historia, la transitamos, le dijo con desdén Horacio en una sombría tarde desde el patio.
Hacía un rato que se conocían pero no dejaba de ser una eternidad. La misma eternidad que existe cada segundo, en cada uno de nosotros.
Pero era justito ahí en donde la pregunta de Eloisa tenía significado. Tejer, urdir, sostener todos los instantes del hoy para que fueran un recuerdo, una entonación, un silbido de tren que parte a otro lado desde la nada, para convertirse en estación y llenarse el alma.
- Entonces, tejamos una historia que dure una exhalación, insistió ella, Eloisa, la que había transitado menos que Horacio, pero más intensamente.
No, enfatizo él. Ni la exhalación es lo suficientemente temporal como para recordarla, así que nunca habrá historia. ¿Acaso podés precisarme cuándo comencé a formar parte de tus pensamientos? Seguro que no, masculló y Eloisa rascándose la sien derecha fijó los ojos en el vacío para poder acercar alguna certidumbre, quizás para vencerlo en ese duelo insignificante y en el desinterés. Eso le dolía…que Horacio no quisiera la primera página, la inicial, la del descubrimiento, si es que lo había.
- Hace dos horas que te miré y encontré tus ojos. Ahí comienza nuestra historia diferente a la de cada cual, la de los dos ¿Podés negármelo?
-No, pero no alcanza, dijo Horacio filosofando ante la credulidad de Eloisa. No hay una historia en común entre nosotros ni entre nadie, porque es rememorada de manera diferente. Arqueó una ceja, le guiñó un ojo y se creyó vencedor de cualquier alícuota de ternura o de sucesos compartidos.
Eloisa insistió en su escandalosa manera de poner principios y finales, olvidándose hasta a propósito, de que lo único que podemos asir, son los trayectos, diciéndole
- ¿Y si nuestra historia la rememoráramos en forma diferente, significa que nada existió, que nunca nos conocimos?
- No hay historia Eloisa, es presente este instante.
-Sí, sostuvo ella, desde hace tres horas que son instantes, pero lo que ocurrió en el primer segundo ya es pasado para los dos ¿O no?
No, contestó y se echó hacia atrás para acomodar la cabeza en la silla y elevar la mirada. Ni los instantes ni cualquier descubrimiento podían alejar su aburrimiento y su cansancio.
Eloisa desenfundó el arma y le disparó entre ceja y ceja.
Ahora eran historia.
Nosotros somos historia, la transitamos, le dijo con desdén Horacio en una sombría tarde desde el patio.
Hacía un rato que se conocían pero no dejaba de ser una eternidad. La misma eternidad que existe cada segundo, en cada uno de nosotros.
Pero era justito ahí en donde la pregunta de Eloisa tenía significado. Tejer, urdir, sostener todos los instantes del hoy para que fueran un recuerdo, una entonación, un silbido de tren que parte a otro lado desde la nada, para convertirse en estación y llenarse el alma.
- Entonces, tejamos una historia que dure una exhalación, insistió ella, Eloisa, la que había transitado menos que Horacio, pero más intensamente.
No, enfatizo él. Ni la exhalación es lo suficientemente temporal como para recordarla, así que nunca habrá historia. ¿Acaso podés precisarme cuándo comencé a formar parte de tus pensamientos? Seguro que no, masculló y Eloisa rascándose la sien derecha fijó los ojos en el vacío para poder acercar alguna certidumbre, quizás para vencerlo en ese duelo insignificante y en el desinterés. Eso le dolía…que Horacio no quisiera la primera página, la inicial, la del descubrimiento, si es que lo había.
- Hace dos horas que te miré y encontré tus ojos. Ahí comienza nuestra historia diferente a la de cada cual, la de los dos ¿Podés negármelo?
-No, pero no alcanza, dijo Horacio filosofando ante la credulidad de Eloisa. No hay una historia en común entre nosotros ni entre nadie, porque es rememorada de manera diferente. Arqueó una ceja, le guiñó un ojo y se creyó vencedor de cualquier alícuota de ternura o de sucesos compartidos.
Eloisa insistió en su escandalosa manera de poner principios y finales, olvidándose hasta a propósito, de que lo único que podemos asir, son los trayectos, diciéndole
- ¿Y si nuestra historia la rememoráramos en forma diferente, significa que nada existió, que nunca nos conocimos?
- No hay historia Eloisa, es presente este instante.
-Sí, sostuvo ella, desde hace tres horas que son instantes, pero lo que ocurrió en el primer segundo ya es pasado para los dos ¿O no?
No, contestó y se echó hacia atrás para acomodar la cabeza en la silla y elevar la mirada. Ni los instantes ni cualquier descubrimiento podían alejar su aburrimiento y su cansancio.
Eloisa desenfundó el arma y le disparó entre ceja y ceja.
Ahora eran historia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario