miércoles, 14 de mayo de 2008

L-F-C


Pudo haber sido una historia de dos, de tres o de muchos más...siempre los encuentros se engarzan y se mezclan.
En esto de transitar los días las apariencias engañan tanto que hasta hay falsas lealtades que sólo aciertan negativas sin ganas.
Una apuesta, una incógnita, una amistad entre dos mujeres que da por tierra con las posibilidades de los caminos del goce.
Un encuentro, dos o tres... o los infinitos que puedan caber hasta en la infinita sucesión de espejos.
¿Quién puede jugarse hasta el alma con tal de jugar a no traicionar?
¿Qué traición se puede cometer en donde no hubo nada, en donde no se prometió ni se prometerá más que lo que nuestros instintos alcancen...en donde los desdenes no existen, porque nadie pertenece a nadie?.
Entiendo el sinceramiento ante ciertas sospechas...no comprendo las sospechas porque no hay nada prometido y ni quizás deseado.
Sólo, en este mundo de apariencias, se debe evitar lo que nos hace daño, y los encuentros, esos magníficos que suceden muy pocas veces, deben suceder sin importar las consecuencias.
Una apuesta que se quiso cobrar en persona...una negativa solemne cuando todo lo que pertenecía a otra historia de afecto, se desvanece por ausencias prolongadas
¿Acaso el tiempo puede evitar cobrarse el olvido?
Una apuesta y dos personas.
Una de viaje que volverá, otra que quiere viajar a un encuentro, y yo que se más que nadie de fantasmas, de promesas y de valores perdidos, antes de ser encontrados.
Dispenso la culpa de cualquier acto de arrojo o de inclemencia del alma.
(...sólo se de amaneceres, siempre en distintos cuerpos que me evitan dar explicaciones).
A mi amiga, que me hizo sonreír desde el desconcierto, un abrazo a la distancia y mi bendición llena de pecados.

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