
A mí me resulta más sencillo encontrar motivos y argumentos fuera de las palabras.
Desde siempre me estremece profundamente escuchar silbar, canturrear y cantar. Rememoro épocas y épicas (y no tanto), abrigo ensoñaciones de otros tiempos pasados y escondidos.La música, las letras cantadas y perseguidas por acordes, se me hacen tan familiares como ese olor a tierra mojada cuando llueve, como esa luna que, pretenciosamente, se cree objeto de todos los amores del planeta, como esas tardes de juegos pasados, de amantes olvidados, de mañanas de chicharras, de noches con luciérnagas.
Lo que más une, en cualquier lugar en que nos encontremos, lo que mejor nos congrega, son las canciones, el juego de sílabas, el desbrozo de los deseos, el timbre de las ganas.
Hace un tiempo me dijeron 'la música es la banda sonora de las personas' y es cierto....llevamos permanentemente una señal que puede descifrarse desde cualquier vórtice. Nada puede menospreciar ese acontecimiento en donde todos los sentidos acuden sin distinción y en donde todos nos igualamos.
Ahora se, después de mucho pulular buscando razones, que por donde vaya, una condición es indispensable para soñar y es morada de nuestras almas... ese único lugar en que no hay defensas, ni zancadillas, ni melodramas...ese único sitio desde donde andaríamos separados del artificio, alejados de toda veleidad, olvidados de toda representación.
(Allí, en él único, fatal e infinito destino de tarareos pentagramados)
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