
Hay momentos en que la luna nos muestra la cara oscura. Otros en donde nuestros pasos se hacen lentos y las nubes no ceden. Son esos instantes en que desearíamos saber que hacer con la tormenta de nuestra alma, de nuestra cabeza, de nuestra formal existencia en donde sólo maniatamos los deseos tras necesidades imperiosas que nos saben a amargura. Hay momentos que nos persiguen, que nos acobardan, que nos hacen temblar: Y allí el día hecho noche. Hay confesiones que nos hacemos que duelen más que lo que transitamos, que nos duelen más que la misma adversidad(es que ponerle palabras al dolor, traspasa, nos hace lúcidos cuando queremos mantenernos en un limbo, ser acunados y preservados). Son instantes en donde converge todo el universo. Hay secuencias fílmicas que no queremos que sucedan, de las que no nos percatamos, pero están al acecho de nuestra propia templanza. Hay momentos tan tristes, tan inesperadamente tristes que no nos alcanza ni el horizonte para apoyar la mirada, pero desde allí, desde el fondo oscuro y estéril es de donde llamamos sin cesar, desde donde nos percatamos de las heridas y resurgimos victoriosos sólo para rugir.
Aunque sea sólo para eso.
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2 comentarios:
¿Aunque?...
Esa es precisamente la victoria. Luchar por resurgir. Hermoso texto. Por cierto, me gustaría enlazarte desde mi blog, pero no sé si te parecerá oportuno. Mándame un correo.
Por qué me pareceria inoportuno que enlaces mi Blog?
Yo lo hice ya con el tuyo...
Gracias por las consideraciones a mi texto.
(Siempre en esta vida se trata de surgir una y otra vez)
No podemos quedarnos a mitad de camino..aunque duela lo que nos pasa, afuera hay un mundo, sensaciones y siempre latimos y seguiremos haciéndolo.
Un beso para vos
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