domingo, 20 de julio de 2008

a todos mis amigos



Deduzco que somos un mar de fechas en calendarios.

Creo que sólo arribamos a las tibias sensaciones de desearnos felicidades, un mar de suertes y una pletórica vida, cuando las convenciones hacen que nos rindamos ante la magia de cambiar el curso de las cosas.

Pero pese a todo ello, festejar los abrazos, el cariño, los mates con aroma a confidencias, las caricias, la ternura, el saber que están allí ( y que estamos) para cobijarnos en los peores momentos, cuando todo es inconclusamente letal, cuando el dolor hace su entrada por todos los poros...vale varias penas.

No hay mayor constancia y menor exigencia que la amistad, esa que no es de compromiso (pero sí, comprometida), esa que huye de lo cotidiano, esa que nos une allá en esos mundos soñados e imposibles...que nos ancla, que nos eleva, que nos imagina diversos siendo tan previsibles que espantamos.

No hay mayor trascendencia que verse en todos los ojos que nos vaticinan.

(y todo sigue oliendo a hogar...)


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