
“…que no, yo le digo que no, a la gente como vos, le digo que no…”
Quizás pueda dar forma a un pensamiento (poder encerrarlo, ponerle palabras y ser cristalina…eso quisiera)
¡Pero vamos por el intento!, y arremeto desde este idioma a pelearme con lo que no conseguiré explicar; con lo que seguramente no encuentre; con lo que me extorsione y con lo que yo permita escabullir.
Ser agradables cuando todo el viento es a favor, es hasta asquerosamente obvio.
Ahora...¿Cómo se mide la hidalguía cotidiana, los buenos modales a cada rato, las dignidades entroncadas en cada uno? Tal vez en el simple ejercicio de no ser adversos con los que se muestran subjetivamente adversos con nosotros (dos veces adversos en la misma frase, no es casual)
¿Y en qué consiste? Sencillamente en aceptar cualquier destino manteniendo una irremediable consideración hacia el otro; sosteniendo lo imperturbable de lo perturbado; haciendo de cuenta que el fracaso de un instante, lo es, quizás, precisamente porque no se tuvo al alcance los elementos indispensables para llegar a una conclusión de antemano y eficaz (y no es contradicción... muy por el contrario, en la poca o excesiva cuota de riesgo y expectativa a la que nos sometemos, es dónde radica la mayor o menor inteligencia)
Los encuentros entre personas –por más casuales que sean y por poco exitosos que fuesen- no deben exculpar a nadie. En la escena (por lo bajo... siempre depende de cada consumidor) hay dos seres humanos que interactúan, por ende se llevan las mismas glorias y derrotas, pero tal vez, en distintas proporciones.
Queda mal y habla mal, muy mal de alguien, que en las postrimerías sexuales haga desvanecer los mínimos gestos que lo hacen separarse en la escala, del resto de los animales ( va de suyo que ya sabemos que el que deja de ser elegante se lleva la mayor porción de culpa y derrota)
Y ya que hablamos de animales, nadie puede caer tan estrepitosamente del sitial de persona -lugar en el que seguramente quiera quedarse-, alguien que comete animaladas rayanas en la mala educación y en la poca hombría.
Todo esto viene a cuento de algo que me contó “una persona de sexo masculino” el otro día y ¡jocosamente!.
Aprendamos a no descartar, salvo que sepamos desde siempre, que somos descartables.
(Es que diez años de Menem a pura pizza, champaña, golf y vulgaridades, han hecho comprar a algunos lo patético del éxito)
En fin.
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3 comentarios:
Leyendo esto, en mi esperanza está considerar que te escribes esto a ti misma o a quienes te leemos gustosamente de forma habitual.
Pensar que está escrito, a quien te refieres, sería darle nueva victoria, nuevo éxito. No todo el mundo consigue arrabcarte tus letras.
Y la verdad...sólo la sabes tu.
La esperanza que debes considerar es la sensación que tengo de verdadera injusticia ( que me rebela) cuando determinadas personas de sexo masculino (parezco la policía en la foma de expresarme jaja) no son amables en determinados momentos, con cualquier persona y más si se trata de una mujer.
Siempre tuve la suerte de encontrarme con hombres muy buenos, muy considerados y muy elegantes...digamos que, culturalmente habían asimilado la caballerosidad como virtud imposible de desdeñar.
Está escrito en referencia a lo que digo...y no hay victoria para los hombres que hacen de la vulgaridad, una jocosa anécdota. Sinceramente me puse en el lugar de esa mujer y en su supuesta pasividad ante la ingratitud (eso no lo se)
Sólo se que por suerte a mí (hasta ahora) nunca me sucedió y si me sucediera, el fulano, no saldría ileso.
Un beso enorme
Jorge...esta tarde charlamos, te parece?
Hora argentina: 17
Otro beso
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