
Busco debajo de la cama, en mi escritorio, en todos los lugares posibles en donde estén escondidas. Hoy fueron femeninas, tal vez mañana sean masculinos.
Las cosas huyen de mi encuentro. Se escabullen. Se desordenan.
Algo me dice que tras las ausencias momentáneas, el tiempo y su transcurso me deja la evidencia de no ser puntual. Los objetos inanimados desaparecen justo cuando estoy por irme.
(...y busco las simbólicas huellas que han dejado en su derrotero de zancadilla exacta)
Desde mis tacos y mi falda hago descansar mi cartera en un sillón y exploro visualmente. Nada me resulta más antipático que el hecho de que se anime lo inanimado. Nada me resulta más ridículo que pensar que deberían estar reposando sobre la mesada y que no las encuentre. Es allí, en ese exacto momento en donde le pregunto a Manuel si no vio (léase llaves de la casa, llaves del auto, agenda, celular, anteojos de sol, carpeta con diferentes estilos de peticionar y demás enseres personales) por algún lugar, suscitándose este diálogo:
- Manu..¿Viste.......?
- No se, esperá que me fijo.
-Gracias, yo busco por acá, le contesto
Y me dice:
-Dónde la/lo dejaste?
Y eso es lo que no puedo contestarle, porque precisamente es lo que no se.
[y le contesto eso: No se]
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Ayer por la noche, para no tener que buscar esos elementos indispensables por la mañana, los alineé sobre la mesa del living para evitar demoras antes de partir.
(Pero demoré el sueño...)
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2 comentarios:
'Que se anime lo inanimado'... uno de los principios de lo siniestro freudiano, ¿no?
Exacto! Cuando se desvanecen los límites entre fantasía y realidad...cuando lo que teníamos por fantástico se nos aparece como real.
Excelente comentario!
Muchas gracias
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