jueves, 11 de septiembre de 2008

muertes



Sufrimos súbitas y pequeñas muertes
diarias
constantes
perceptibles
y agudas

Nos quedamos quietos para espantar el dolor de fallecer a corto plazo, un poco cada momento, indefinida y trágicamente.

Vagamos tras sensaciones de bienestar inventado -todo lo que fue no es lo que es- y vivimos de reflejos, de estentores de dicha colapsada, guillotinada, desollada, minuto tras minuto, instancia tras instancia, llanto tras llanto.

Deambulamos por calles oscuras
y casi siempre sin final feliz.

Buscamos una trama que nunca finalice mientras respiremos; nos adormecemos; nos convertimos en espectadores de nuestro protagonismo; olvidamos; somos fructuosos apátridas de la nobleza sentimental.

Acomodamos las piezas en el escenario de cada jugada, sólo para ganar sin importar el motivo del juego ni el porqué ni el cuánto de lo que se nos esfuma aunque ganemos (porque se pierden poco a poco e indefectiblemente las máximas esencias que nos separan de la desesperación)

Sintetizamos nuestros sueños para no desear cumplirlos; acurrucamos toda nueva ansia para hacer de cuenta que lo que tenemos y logramos, alcanza.

[Así moldeamos,
encasillamos,
etiquetamos]

Así nos encadenamos a la adversidad.

(solamente porque somos crepusculares
y cumplimos muriéndonos
cuando caen todas las noches juntas, en una
)


*****

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