martes, 23 de septiembre de 2008

tiempos



Miró la puerta que cerró de un golpe y pensó que la vida le debía estridencias. Siempre pensaba que las pequeñas muertes con que están hechos los días, no debían ser agónicas, que bastaba una simple acción cruel, sin piedad, sin fantasmas ni miedos, con la envergadura real pero sin imaginación, sin esperas, discurriendo.

-Discurrir, dijo por lo bajo.

Siempre le había gustado eso: discurrir como el agua, tomar la forma del momento, del lugar, de las distintas instancias. Acoplarse a la tranquilidad de que nada está fuera de lo pretendido ni deseado. Volvió a abrirla y a golpearla nuevamente. Le gustaba ese sonido ensordecedor de fatalidad, de finales hechos a conciencia y conciencia lograda en el tiempo y el destiempo, en la suma y en la resta, en el ir y en el volver.
Se sentó en derredor de una mesa y clavó sus ojos en aquellos lugares que le resultaban grotescos: Un espejo roto, una pintura ajada y un retrato de alguien que parecía feliz.

-Parece feliz, dijo, sólo parece…

Por la ventana creyó que se asomaba la brisa para olfatearlo sin disimulo y así cumplir con su necesidad de sentirse acompañado. Sus manos estaban a exacta distancia entre sí. Presumió que mirarlas con detenimiento iba a dolerle demasiado. Se las hacía vacías, huecas, ausentes de toda caricia, de todo perfume, de toda historia, pero ninguna sensación pudo con la añoranza de haberlas llenado de días y años venturosos; de pliegues celosamente guardados en los rincones de su anatomía, entre cada uno de sus huesos, entre cada bocanada de aire exhalado .Dentro de sí mismo borboteaban todas las voces que lo acompañaron y que se fueron perdiendo en el ensordecedor silencio, en el doloroso punto del precipicio que separa lo que es de lo que debe haber sido. Supo que lo que se desvanece, difícilmente se pueda recuperar, por eso la puerta consumía mucho de sus razonamientos. Volvió a abrirla. La cerró suavemente desde el picaporte y la aseguró con llave. Suspiró para escucharse. Mientras, en el afuera, nuevos y pacientes sueños danzaban para él.


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