Me pregunto si podré volver a sonreír. Toda mi vida tuve una risa
Sumamente estridente que se disparaba ante el menor chiste. Nunca pude contener una carcajada frente a una situación que me resultara graciosa o simplemente anormal. Recuerdo el velorio de mi tía Elvira. Juan se acercó y me dijo, con tono grave:
- ¿Qué hubiera pasado si la tía se hubiese parado en una pata?
- ¿Qué?- dije yo extrañadísimo
- El pato se hubiera quedado viudo
Las lágrimas corrían por mis mejillas y mi boca emitía un sonido entrecortado que no se si puede llamársele risa. Me acerqué al cajón intentando sofocar mi risa con la visión de aquel cadáver yerto acostado en ese enorme cajón de roble. Era realmente gorda. Juan se acercó sigilosamente y me susurró al oído:
- ¿Sabés que dicen que un tipo organizó una expedición para buscar el ombligo de la tía y nunca más volvió?
Nuestra vieja no nos habló en un mes. Estaba ofendidísima por lo que habíamos hecho en el velorio de su hermana. Me acuerdo que me estaba retando por el escándalo que había hecho riéndome, mientras Juan me decía:
- Tiene razón negro, ¡no viste la cara que puso la tía!, estaba enojadísima Y la vieja nos echó de la cochería, o como le decía Juan, "El salón de la gran fiesta".
Parece mentira que el homenajeado hoy seas vos hermano.
Me levanto y voy hasta el cajón. Al lado del de la tía es un escarbadiente.
Juan siempre fue muy flaco. Él decía que era por tanta actividad física, y las sonrisas de sus novias lo confirmaban.
Siempre estaba contento, hasta en este momento, pálido y acostado en el jonca, una sonrisa le cubre el rostro. Si se ponía serio era por algo muy importante, como las charlas de política, o porque te estaba por hacer una joda.
Me acuerdo que lo único que lo hacía embroncarse era que lo gastara con su forma de cantar. Juan cantaba pésimo, su voz era excesivamente grave y desafinaba un montón. Pero le encantaba. Me acuerdo que siempre cantaba la misma canción. Dibujaba una sonrisa entre melancólica y ridículamente seductora y canturreaba chick to chick de Sinatra.
Mientras su voz resuena en mis oídos levanto la vista y me cruzo con un espejo. Tengo una gran sonrisa. Me alejo del cajón silbando la melodía que juguetea en mi cabeza y me voy hacia el rincón donde está mi hijo. Le voy a contar el chiste del pato.
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Boomp3.com
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martes, 14 de octubre de 2008
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2 comentarios:
SENSACIONAL! El mejor post que leí. Retrataste a Juan de una forma que sin conocerlo me conmovió y me hizo tomarle aprecio a mí también.
Esa gente que posee un pathos optimista y que puede canalizar toda la negatividad de un espacio y convertirlo en un chiste desacralizador tiene que ser ensalzada. E incluso su legado mantenido, creo que entran en el conjunto de los "imprescindibles" de los que habla Brecht.
Un beso grande
Luc: Gracias.
Por suerte hay personas así. Yo tuve la suerte de conocerlas..
Un enorme beso para vos!
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Nippur: Se trata de elegir la menor manera de sobrevivir.
Beso!
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