viernes, 28 de diciembre de 2007

des-encuentros


Ella sueña el abismo de luces.

Sueña en desechar las sombras y las siluetas impersonales, fatuas y lejanas

Por cercanas, imperiosas y urgentes, les habla para desvanecerlas y erigir desde el precipicio, una fortaleza que la empuje, que la delinee, que la endulce y la entregue en forma de crisálida.

- Hay sombras que siempre se cobijaran en los vacíos, le dice El, lleno de rencor y de olvido prestado, porque nada le pertenece, nada lo hizo sucumbir, nada desde el todo, desde las formas grávidas. La odia y la observa desfallecer.

- ¿Nunca renuncias a opacar el color de la salida, verdad?, sostiene Ella con voz firme desde el fondo, desde el fin, desde el intento de resurgir, desde la sencillez, sin argucias.

- Llénate de sombras, de funestos deseos, de pérfidas seducciones y harás pie desde donde casi nadie puede. Empuja y el hueco intemporal será el que te anide, le recita El, sin inquietud, porque calculó milimétricamente el desenlace, desde su guarida impía.

Ella observa el rostro falsamente sereno. Lo amaba, pero le importunaba. Lo deseaba, pero le temía. Sabía que detrás de su ayuda agraciada, un manto más oscuro la iba a maniatar entre esos dedos de fetiche, de protección y abandono, porque así había sucedido.

- ¿Estarás esperándome? Ella preguntó imantada, sucumbiendo, sabiéndolo. Ella estaba pisando la cruel e involuntaria promesa; la perenne caricia de la mentira y la inefable venganza a la que la subsumía El, por no haber podido aprender a ser libre, aunque la haya observado envilecidamente.

- Sí, le contestó El, mientras tejía una imperceptible telaraña que la iba a mecer hasta soltarla.…………………………………………………………………………………….........................................................................................

Ella sabe del abismo y la oscuridad.

(sueña con luces)
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