

Amanezco cada vez más tarde.
La maraña de papeles que me espera para que los desembarace de tránsitos furtivos y le otorgue alguna distinción en algún legajo numerado, se hacen oír.
Los imagino moverse y preguntarse por la noche cuál será su destino y allí es donde no deseo aparecer en escena, se que me odian. Se atrincheran y se amotinan. Cuando los busco, encuentro otros que sin guardar, se escapan detrás de los buscados. Se amarillentean como las ganas mías de salir al sol.
Edificios atestados de personas que llevan y traen alguna orden judicial o administrativa que los sotiene para seguir ocupando un escritorio, para creer que eso es existir.
Van y vienen. Se detienen y conversan trivialidades para que se acorte la jornada, mientras perdemos instantes gloriosos.
Atardezco enmarañada con el peor de los ánimos, recordando que Sísifo fue condenado a hacer todos los días lo mismo, la misma letanía, el mismo poder mecánico que se retroalimenta a sí mismo, yendo y viniendo entre dos puntos de partida y llegada.
Tengo hastío y me duele. Busco papeles para ordenar en un mundo ficticio, las mentiras del real.
La maraña de papeles que me espera para que los desembarace de tránsitos furtivos y le otorgue alguna distinción en algún legajo numerado, se hacen oír.
Los imagino moverse y preguntarse por la noche cuál será su destino y allí es donde no deseo aparecer en escena, se que me odian. Se atrincheran y se amotinan. Cuando los busco, encuentro otros que sin guardar, se escapan detrás de los buscados. Se amarillentean como las ganas mías de salir al sol.
Edificios atestados de personas que llevan y traen alguna orden judicial o administrativa que los sotiene para seguir ocupando un escritorio, para creer que eso es existir.
Van y vienen. Se detienen y conversan trivialidades para que se acorte la jornada, mientras perdemos instantes gloriosos.
Atardezco enmarañada con el peor de los ánimos, recordando que Sísifo fue condenado a hacer todos los días lo mismo, la misma letanía, el mismo poder mecánico que se retroalimenta a sí mismo, yendo y viniendo entre dos puntos de partida y llegada.
Tengo hastío y me duele. Busco papeles para ordenar en un mundo ficticio, las mentiras del real.

2 comentarios:
Al menos sabes lo que es “perder los papeles”. Somos animales de costumbres. No sé en que película de Wody Allen el protagonista despertaba y hacía lo mismo que el día anterior, las escenas eran idénticas por lo que el señor Allen se debió ahorrar mucho metraje de película. La vida no es más que lo que es, lo que está siendo; el resto son construcciones mentales, productos de nuestra memoria o de nuestros deseos y esperanzas. De ese modo nos ahorramos metraje de película donde querríamos despilfarrar vivencias.
Aún no me resigno a aceptar el trabajo como sinónimo de vida.
Creo que el día que lo acepte más allá del sustento, es porque habré muerto en mucho.
Te recomiendo un libro: "El mito de Sísifo" de Albert Camus.
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