Amanecía
La llanura despertaba del letargo nocturno con oleajes de viento y tierra que inundaban la alquería.
Los perros, todos hambrientos, se echaban bajo la futura sombra de una pobre arboleda. La sequía había hecho estragos...ya no se veía el verde y el amarillo resplandecía socarronamente.
Ella se levantó del catre despaciosamente. Recordó que tenía algo que hacer.
Contempló por la abertura, la carreta que la esperaba.
Se despidió, con una sola mirada, de su choza y salió.
Decididamente con pocos movimientos se subió al carro de ruedas rechinantes y caballo viejo. Castigó con bravura al desvencijado animal que a todo galope aumentaba la polvareda que ella tragaba en bocanadas interminables.
El camino hacia el pueblo vecino era tan directo como su necesidad de llegada.
La tristeza la invadía porque nada disipaba su angustia y soledad.
Llegó al caserío, se bajó y se dirigió pausadamente hacia una puerta que golpeó sin disimulo.
Antes que abrieran, ensanchó la cintura de su falda, desenvainó el facón que había descolgado de la pared y esperó.
Preguntó desde el dintel a una mujer por Juan.
-Entre, le espetó.
Él estaba cerca del fogón, de pie y espectante.
Ella se le acercó lo suficiente para hacer efectivas las dos puñaladas que le acertó...él no se había resistido.
La última lo inundó del fluído granate con voluptuosidad. Con todas sus fuerzas retiró del medio del pecho el arma silenciosa, la limpió con suavidad y determinación, la acarició y la guardó entre sus prendas.
Se cargó al hombro el muerto y ante la mirada hipnotizada de muchos, lo descargó brutalmente en el carromato .
Se subió y al grito de ¡arre! retomó el regreso. La polvareda fue el telón que resguardaba su figura y su trayecto.
Atardecía.
Hacía poco que el último de sus hijos le preguntó: - ¿Y papá cuándo vuelve?
- Pronto, muy pronto, le respondió.

2 comentarios:
Cecilia: Me encanta visitar tu blog. Me gusta, por lo general, encontrar cosas que yo mismo publicaria y tantas otras veces sorprenderme. Pero siempre encontrar algo con lo que me identifico. :)
Saludos, me voy a hacer unos mates y tocar un poquito la guitarra...
Martín...eso de tomar mate y tocar la guitarra pasadas las diez de la mañana, es de elegidos...realmente...¡qué envidia me das!
Gracias por tus palabras y me alegro por las coincidencias...(por suerte hay personas con las que se puede mirar en la misma dirección).
....No se porqué siempre creí en los opuestos y en los extremos: en las anchas felicidades y en los estrepitosos dolores....por eso escribo desde el límite y me gustan los próceres literarios que saben del fondo, del oscuro de todas las noches, de los infiernos...
Pienso que sólo las cúspides y los precipicios momentáneos nos templan...solamente me dan lástima los que no pueden con las adversidades o con la gloria.
Un beso enorme!
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