domingo, 18 de mayo de 2008

Bakunin


' Se responderá que el Estado, representante del bienestar público o del interés común de todos, recorta una parte de la libertad de cada cual, sólo para asegurarle a éste todo, el resto de ella. Pero ese resto es, si os parece, la seguridad, nunca la libertad. La libertad es indivisible: no se le puede recortar una parte sin matarla íntegramente. Esa mínima parte que recortáis, es la esencia misma de mi libertad: es el todo. Por un movimiento natural, necesario e irresistible, toda mi libertad se concentra precisamente en la parte, no importa lo pequeña que sea, que le recortáis. Es la historia de la mujer de Barba Azul, que tuvo todo un palacio a su disposición como plena y cabal libertad de entrar donde quisiera, de ver y tocar todo, excepción hecha de un ínfimo cuartito, en el que la voluntad soberana de su terrible marido le había prohibido entrar bajo pena de muerte. Pues bien: el alma de aquella mujer dejó de un lado todas las magnificencias del palacio y se concentró, íntegra, en el cuartito. Lo abrió y tuvo razón de abrirlo, pues ese fue un acto necesario de su libertad, mientras que la prohibición de entrar era una flagrante violación de ella. Es, igualmente, la historia del pecado de Adán y Eva: la prohibición de gustar del fruto del árbol de la ciencia, sin más razón que la de ser ésa, la voluntad del Señor, era un acto de horroroso despotismo por parte de Dios. Si nuestros remotos padres hubieran obedecido, toda la raza humana habría permanecido inmersa en la más humillante esclavitud. Su desobediencia, en cambio, nos emancipó y nos salvó. Tal fue, míticamente hablando, el primer acto de la libertad humana '.

Mijail Bakunin

1 comentario:

Custardoy dijo...

¿Comer una manzana nos salvó? Yo creo que fue al revés, nos sumergió en la peor de las coacciones. No hablo de las libertades que coartan los dirigentes o el sistema o el estado, o los dictadores o la sociedad. Sino de las libertades individuales, esas que nosotros mismos nos coartamos. Porque no nos permitimos hacer ciertas cosas, por principios o por la dichosa manzana.