miércoles, 4 de junio de 2008



“La lengua no es ni reaccionaria ni progresista; la lengua es simplemente fascista, porque el fascismo no consiste en impedir decir, sino en obligar a decir”.

Ésta conclusión excelente de Roland Barthes es una idea subsidiaria de una conocida fórmula de Foucault que expresa que el poder, antes de reprimir conductas, las produce y crea realidades. Cuando iniciamos cada frase estamos sometidos a reglas que exigen respeto a un orden de concordancias.

Lo neutro, en cambio, permitiría esquivar dichas coacciones.

¿Campo o Gobierno? ¿Gobierno o Campo?

¿Por qué hay que resolver los sentidos por el método binario? ¿Por qué hay que pensar en la superación de oposiciones? ¿Por qué hay que arribar a un final de proceso o estabilidad? ¿Oposiciones en ideas y lenguaje, burlando la existencia de lo neutro?.

Lo neutro a decir de Barthes es “aquello que desbarata el paradigma”.

Y es hora de que lo hagamos...

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