jueves, 5 de junio de 2008



1957 (Primera historia)

Cuatro amigos jugando al truco una noche en un chalecito de Vicente López. En el piso de abajo dormían Elena y Martita, la mujer y la hija de Juan Salvo, que acababa de tener 33 de mano.
Parecía que el ancho de espada era lo más duro que habría que enfrentar esa noche; pero no.
Desde la calle vino el ruido de un choque y enseguida el silencio. Un silencio que sobresaltó a los cuatro. A través de la ventana caían copos de nieve. Raro para Buenos Aires. Claro, no era nieve exactamente. El cielo estaba escupiendo alguna sustancia mortal
Desde la buhardilla, los ocho ojos vieron coches volcados, la gente tirada. Muertos con sólo un sutil contacto con la "nieve". En poco tiempo supieron que no era algo de este mundo: estaban ante la primera avanzada de una invasión extraterrestre. Encerrados en esa casa, se supieron unos de los pocos sobrevivientes. Después, peleas y peleas contra los enviados de un enemigo casi invisible: "los Ellos". Al final, Juan Salvo es arrojado a otra dimensión del tiempo y el espacio, convertido en el Eternauta
Allí buscará a Elena y a Martita por siempre.

1969 (Segunda historia)

Oesterheld decidió volver a lanzar la historia. Pero el guionista cambió algunos detalles respecto de la versión original, porque los hechos eran los mismos, pero la explicación es otra. ¿Qué había pasado? En esta versión está claro: la invasión se ha producido en un suburbio del mundo, no en el centro. La ayuda nunca llega; son las bombas atómicas del Norte que destruyen Buenos Aires.

1976 (Tercera historia)

Oesterheld ataca de nuevo. Sale otra vez El Eternauta.
La Triple A y los grupos armados El país empezaba a llenarse de muerte.
Cambió la vida: Héctor Germán Oesterheld había entrado de lleno a Montoneros, con el nombre de Germán.
A veces dormía en el Tigre, con Rodolfo Walsh; a veces en hoteles ignotos. Había salido hacer lo que él creía imprescindible: ser coherente con su interpretación del mundo.
Una temprana explicación de sus actos puede leerse en El Eternauta de 1957: "Si queremos acabar con el invasor –dice el Profesor Favelli, cuando él y Juan están a punto de dejar el chalecito de Vicente López-debemos emplearnos todos y bien a fondo. Si no se ataca al invasor ahora, cuando todavía no ha tenido tiempo de establecerse en forma, más tarde no será posible hacerlo".

.....

Inmediatamente llegó el 27 de abril de 1977, la emboscada en La Plata en la que llevaron a Oesterheld, la tortura, el silencio, el mismo silencio de muerte que empezaba El Eternauta.
Otra vez se había anticipado. En la primera versión, uno de los personajes lamentaba: "Todos desaparecidos, como si no hubieran existido nunca".
Muchos creyeron leer en El Eternauta una premonición, un anuncio de lo que atravesaría la Argentina en los 70. Como si hubiera previsto tanto dolor, decían Juan Salvo en 1957 "Cuando venga la reflexión y se den cuenta cabal de lo que ha sucedido, ¿cómo haré para mitigarles la pena?"

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