
...y ella pensaba que la calidad de Vaticinar detalles del submundo que unía lo deseado con lo real, no era imposible. Acercó su cabeza a una almohada mullida que ofició de bastión de ideas y se dejó llevar por Las claridades de lo increíblemente incierto.
¿Acaso se puede impregnar de hastío lo que no lo es y desterrar la ternura que nos atraviesa el corazón...?
¿Acaso se imaginarán los que leen esta diatriba esencial por lo elemental, que hay algo mejor que Ser felíz así no se asemeje a nuestros sueños dorados?
Mirando la pared y sosteniendo un punto de la pintura blanca dentro de la mirada, se aseguró que lo que se le ofrecía no debía dejarlo escapar.
Negarse a las posibilidades de que paso tras paso, se llega inexorablemente hasta el umbral de lo simbólicamente necesario, era un acto de cobardía y de sigilosa preservación.
Se dió vuelta para sucumbir a un sueño arrebatado a los dioses y se prometió hacerlo real.
Afuera cantaban los grillos...

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